jueves, 6 de noviembre de 2014

Llegar a terminar "Mirarte otra vez" (2)

"Míralo, ahí, con su tablet nueva, desconectado y sin hablar... ¡Vaya un compañero!"

Aquel otoño de 2013, cuando empecé a dar forma a "Mirarte otra vez", yo compartía coche con otros tres compañeros del conservatorio de Pozoblanco para hacer el trayecto desde Córdoba. Cuando el tiempo que resta, por dedicarlo al trabajo, a la familia y a otras aficiones, es escaso, no quedan más que huecos. Todos tenemos huecos para lo que queremos, y yo le había dicho a mi mujer: "Voy a escribir una comedia romántica", que era lo que quería hacer.

El espacio es uno de los medios en los que se desarrolla el arte en general, pero además algunas artes como la música y la literatura se mueven fundamentalmente en el tiempo. El tiempo y la manera de tratarlo: todos tenemos claro el juego con el tiempo que se produce en una película de cine, donde se salta del pasado al futuro y viceversa, el director se recrea en un momento concreto, o se imprime velocidad o lentitud a una escena jugando con el montaje. Además, son tratamientos implantados por la tradición y que percibimos como absolutamente naturales. Yendo más allá, en la literatura también sucede, aunque en general seamos menos conscientes porque leemos menos. Y en la música, donde parece que lo que pasa va siempre hacia delante a un ritmo determinado, el juego con el tiempo es también una constante.

Y de una cara del tiempo a la otra: si tienes dos horas para hacer determinadas tareas, tenderás a alargar el tiempo para hacerlas en dos horas; si tienes media hora, tenderás a comprimirlo para hacerlas en media hora. Así fue "Mirarte otra vez" tomando forma: entre algún madrugón, algunos minutos libres, algunas horas tranquilas en el conservatorio... Quienes no tenemos la creación artística como principal profesión funcionamos cuando podemos, y ese es el caso, verbigracia, de dos Gustavos ilustres: hace muchos años Gustavo Martín Garzo explicaba que sólo tenía disponible para escribir una hora muy temprano por la mañana; Gustav Mahler sólo tenía tiempo para componer los veranos. Así fueron ambos desarrollando su producción.

Yo, fui arañando minutos al día y viajes a mis compañeros de coche.

No hay comentarios:

Publicar un comentario