NORMA.-
Querida, ¿qué es eso de la dignidad? Si estamos de acuerdo en que
tiene que ver con el ego y la imagen que reflejamos en el resto de
ojos, la dignidad no es más que otro sentimiento que condiciona
nuestra vida y nos impide vivirla como queremos. ¿Qué me importa
que la gente me vea las tetas y se ría? Es exactamente la misma
situación que se da en clase cuando a la maestra le toca explicar el
tema de la reproducción humana ante una jauría de niños incapaces
de contener la carcajada cada vez que se mencionan las palabras
"pito",
"culo" o
"teta".
SILVIA.-
(Incapaz de contener la carcajada).
¡Ja, ja, ja! Perdona, es que es gracioso.
NORMA.- Así, grosso
modo, la gente no sabe crecer y creo que no soy yo quien tiene un
problema. La dignidad es un concepto sacado de quicio, no es indigno
vivir en un piso de setenta metros cuadrados. ¡No quiero una
mansión, es indigno mantener limpios tantos metros cuadrados! Ni
quiero dinero, es indigno estar pendiente de un capital. Es indigno
vivir podrido de dinero y de posesiones, no tener que trabajar para
tenerlos y sin embargo vivir triste o deprimido.
SILVIA.- Es indigno que a
los pies de los rascacielos de los ricachos neoyorquinos viva gente
sin techo.
La alusión al célebre caso de Olvido Hormigos, que se intuye claramente, que forma parte de esa actualidad que salpica la obra y que convendría comentar más adelante, no es el tema. Suena a topicazo, pero además es que ese topicazo está planteado a conciencia: son los personajes femeninos de la obra los más preocupados por asuntos como la crisis, la distribución de la riqueza o la ética. Silvia y Norma se empeñan en cambiar cosas, con matices: Silvia quiere cambiar la sociedad, Norma quiere cambiar al individuo, empezando por ella misma.
Pero eso sólo son impresiones mías. Seguro que ustedes tienen más. No se corten.